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jueves, 14 de enero de 2010

Filosofadas patilleras IV: A tomar por culo!

Un día un amigo me dijo (sobre un tema que no viene al caso) algo así como: "Sabes lo que te digo, que he llegado a la conclusión de que lo mejor es pensar: a tomar por culo."

Y la verdad es que, dándole vueltas, me parece una filosofía de lo más saludable, si lo piensas bien. Llegar a esa conclusión demuestra, por un lado, que has sufrido un conflicto de algún tipo. Y por otro, que finalmente has llegado a una decisión, voluntaria o impuesta, pero que sea como sea es por fin aceptada y asumida. Es decir, implica el final de un problema, que es la decisión en si. Luego, esa decisión en algunos casos te puede llevar a la ruina más miserable, ya lo sé, pero ese es otro problema diferente, no me anticipen ustedes. Además, si siguen leyendo, verán que la filosofía "a tomar por culo" es útil también en este último caso.

Ilustremos tan complejo e interesante pensamiento con un ejemplo de la vida diaria. Imagínense ustedes que llevan tiempo pensando en una persona, una chica (pongamos por caso) muy atractiva, agradable y cariñosa, y que les gustaría (digamos) "conocerla" en el sentido bíblico de la palabra. En cristiano, trincársela. Pongamos por caso que la situación es tal que se vislumbra una clara brecha en la defensa contraria. Dicho en plata, está en el bote. Pero imaginemos además que la situación es más bien complicada. Escojan ustedes:

a) está emparejada,
b) ustedes están emparejados,
c) es una compañera de trabajo,
d) es una amiga de hace mucho tiempo
e) cualquier otra cosa chunga que les venga a la cabeza.

Como son ustedes (pongamos por caso) personas más bien dubitativas, y son conscientes de las probables consecuencias conflictivas de dejarse llevar por los instintos animales, se pasan días y días dándole vueltas al asunto, durmiendo mal por las noches, y sin saber qué hacer.

Pero finalmente, sea por la razón que sea, ven la luz. La decisión está clara como el agua:

"A TOMAR POR CULO, ME LA FOLLO".

Y con esto se cierra toda duda y se pasa a la acción, lo cual siempre es positivo. Pero no queda ahí la cosa, porque la filosofía "a tomar por culo" es válida tanto para una decisión como para su contraria:

"A TOMAR POR CULO, NO ME LA FOLLO".

Y con esto acabamos también con la duda y, de paso, nos ahorramos un marrón del quince. Pido disculpas por poner un ejemplo tan chabacano y grosero, pero no dudo que la mayoría de ustedes ha estado en alguna ocasión en una situación parecida, así que creo que de esta forma entenderán mejor lo que quiero decir.

Uno puede estar sopesando pros y contras toda la vida, pero no llegar a ningún sitio. Al final, al final de los finales, las decisiones normalmente se toman con un "a tomar por culo". Y ello denota algo para mi muy importante y valioso: que la decisión no ha sido tomada racionalmente, cogiendo la calculadora e introduciendo las variables de entrada para llegar a un resultado final que será mi decisión, sino de una forma mucho más humana y emocional: porque me da la gana, y punto. Y al final, normalmente, el éxito o fracaso de la empresa que uno se dispone a acometer no depende, ni de lejos, de la fiabilidad del cálculo probabilístico que se haya hecho (porque el factor "imprevistos" es normalmente demasiado grande). Sino más bien depende de la motivación, habilidad y compromiso de uno mismo, y sobretodo, de que se alineen los astros y la Diosa Fortuna tenga un buen día y se sienta generosa.

Pero como decía antes, la filosofía "a tomar por culo" sirve también en caso de fracaso rotundo del proyecto que se inicia con la decisión tomada, sea ésta cual sea. Continuando con el ejemplo anterior:

"PUES RESULTA QUE NO QUIERE FOLLAR... A TOMAR POR CULO!".

No me negarán que, en estos casos, es la opción más saludable mentalmente.

En fin, que he decidido tratar de seguir más esta filosofía de ahora en adelante. Es más, creo que escribiré un libro de autoayuda sobre el tema, a ver si pican unos cuantos pardillos y me sacan de la ruina. Y entonces si que... A TOMAR POR CULO con todo!

Hala, a más ver. Buenas noches.

martes, 14 de julio de 2009

Filosofadas patilleras III: La filosofía positiva, la magia blanca y la madre que las parió

"Tienes que pensar en positivo para que las cosas te salgan bien". Frase repetida una y otra vez por libros de autoayuda, psicoterapeutas de tres al cuarto y seguidores acérrimos de filosofías orientales, homeopatías y demás formas de "magia blanca" socialmente aceptadas en la actualidad.

No he oído mayor patraña en toda mi vida.

Acaso pensar que te va a tocar la lotería va a hacer que realmente el numerito que lleva tu boleto caiga del bombo? Acaso imaginarte a tu vecina la del cuarto (la que tiende los tangas de leopardo en el patio) desnuda en tu habitación va a conseguir que acepte una proposición de cena romántica contigo? De verdad crees que desear que tu odioso jefe se coja unas vacaciones definitivas va a influir lo más mínimo al Todopoderoso Creador para que por fin le llame a su lado y te libre de él para siempre?

De hecho, a eso en mi pueblo se le llama "magia", y no a lo que hace David Copperfield, como hacer desaparecer elefantes y cutradas parecidas. Supongo que en este caso sería "magia blanca", pero de cualquier forma, por creer cosas semejantes quemaban a la gente en la Edad Media.

Es también interesante saber que hay un término en psicología llamado el "pensamiento mágico", que desarrolla gente con Trastornos Obsesivo-Compulsivos, y que consiste precisamente en lo contrario a lo que estoy describiendo. Es decir, en temer que, si piensas que te va a atropellar un coche, o que a tu mujer le va a crecer un pene enorme de un día para otro, esto ocurra realmente.

Desde mi punto de vista es exactamente lo mismo, pero al revés. Total, que si tienes "pensamiento mágico" negativo, te llaman obsesivo y te cargan de antidepresivos y ansiolíticos, pero si tu "pensamiento mágico" es (llamémosle) positivo, entonces te llaman optimista, y encima está socialmente bien visto y eres una pesona admirada.

No he visto mayor injusticia en toda mi vida.

De hecho, creo que el optimismo está sobrevalorado. Todo el mundo conoce el desagradable sentimiento de decepción que produce una expectativa no cumplida. Cuanta mayor ilusión te hace quedar con la vecina del tanga, mayor va a ser después la hostia cuando te diga aquello de "No, lo siento, pero podemos ser amigos". Ya te vale, amigos no necesito, amigos ya tengo, pero no tienen ese culo. En cambio, si vas ya puesto en lo peor, todo resultado infinitesimalmente mejor que lo esperado hace una ilusión tremenda. Si vas a la batalla dispuesto a ser humillado de la peor de las maneras, y al final la vecinita no sólo te abre la puerta, sino que encima te habla (te habla!! y te mira, con esos ojazos que dios le ha dado!!), te puedes ir a casa más contento que un niño con zapatos nuevos.

Y encima, nadie me va a negar que tiene muchísimo más valor pelearse con un enemigo al que ves como una horda de Orcos sedientos de sangre, que robarle los caramelos a alguien porque piensas que es un niño indefenso.

En fin, que he decidido llevar mi pesimismo con la cabeza bien alta, defenderlo a capa y espada, y hacer de él mi arma de batalla diaria frente a la magia blanca tan promovida hoy en día, y que tantas decepciones provoca. Soy un pesimista, y estoy orgulloso. :P

Todo muy patillero, ya lo sé, pero el que quiera (o pueda) que me entienda. Además, para eso es este mi blog, para escribir lo que me de la gana. Hala, a cuidarse.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Filosofadas patilleras II: Equivocarse

Hoy he desayunado en un bar que tenía, colgadas en las paredes, fotos y frases de famosos. Mientras intentaba abrir los ojos a fuerza de café, me he fijado en algunas de ellas. De entre las fotos, la que más me ha gustado ha sido ésta, que he encontrado también por internés.

De hecho, esto no tiene nada que ver con el tema de este post, pero no me negareis que no tiene desperdicio. Aaaay Humphrey Humphrey!! Qué estarías mirando, pollo!!

Y de las frases, me quedo sin duda con ésta:

"Todo el mundo puede equivocarse, por eso los lápices vienen con una gomita en la parte de atrás."

Adivinais quién la dijo? Efectivamente, un gran sabio y filósofo, ni más ni menos que Lenny, de los Simpson.

Y que haya tenido que ser un dibujo animado el que lo diga... Es más, que haya sido un personaje que, según parece, lo único que tiene que hacer todo el día es estar pimplando cerveza en el bar de Moe! (envidiable vida, por otra parte).

Porqué estamos tan obsesionados con equivocarnos? Porqué tenemos tanto miedo? Organizamos nuestra vida de tal forma que intentamos ultraprotegernos al máximo y controlar absolutamente todo lo que nos sucede. Y cual es el resultado? Uno, que nos seguimos equivocando, y dos, que nos volvemos unos cobardes.

Supongo que todos hemos hecho cosas que preferiríamos no haber hecho. Siempre he pensado que el típico valiente que dice "Yo no me arrepiento de nada" o está mintiendo, o no ha salido de su casa en su vida. Y algunas de esos errores nos marcan de por vida, pero en el momento en que las hicimos eran inevitables. No es que quiera ponerme en plan "filosofía positiva", que cada día me da más grima ese rollo, pero si para algo debería servir pasarlo mal es para aprender a solucionar marrones.

Y esa es la cuestión, creo yo... marrones seguirá habiéndolos toda la vida, por mucha armadura que uno se ponga, y por mucho que uno enfoque las cosas "de forma positiva". La cuestión es aprender a usar la gomita que viene en la parte de atrás, aprender a "improvisar" una solución.

Y ahora os dejo, que tengo que ir a cometer unos cuantos errores.

viernes, 24 de abril de 2009

Filosofadas patilleras I: La Teoría del Ser Irracional

Me permito con este post iniciar una sección dedicada a "Filosofadas patilleras". O dicho de otra forma, a todos aquellos pensamientos pseudofilosóficos que a todos nos gusta desarrollar de vez en cuando (normalmente es en la barra de un bar y con un colega, pero no es indispensable), y que tienen la característica y la ventaja de que, puesto que son indemostrables, también son irrebatibles, y por lo tanto son absolutamente válidos mientras a uno le convenga que lo sean.

Se dice que el ser humano es un ser racional: piensa, razona, decide por si mismo. Toda una serie de cosas que (dicen) los animales no pueden hacer, y que por tanto nos hacen superiores. Pues bien, yo reivindico la llamada (por mi mismo) "Teoría del Ser Irracional". O dicho de otra forma, que eso de que somos racionales y basamos nuestras acciones más en razonamientos fríos que en sentimientos e instintos es una pura falacia, y además, mentira.

Cada vez que expongo esta creencia mia, siempre hay alguien que se lleva las manos a la cabeza. "Pero qué dices?! Tú estás loco?! No es verdad! Somos seres superiores! No somos animales!". Fair enough, como dicen los ingleses. Po fale, como decimos aquí.

Dice mi admirado Eduardo Punset (http://www.eduardpunset.es/blog/) en su libro "El viaje a la felicidad", que en todo proceso de decisión humana, los sentimientos tienen más influencia de la que todos pensamos. Sobretodo en el inicio y el final de la decisión. En el inicio, porque de repente hay algo que representa para nosotros una alteración de la rutina, una decisión importante que tomar, y eso siempre causa emociones. Por ejemplo, te ofrecen un trabajo nuevo. La primera emoción puede ser miedo, puede ser alegría, puede ser esperanza, ansiedad... pero siempre habrá una primera sensación. Luego empiezan los razonamientos y las comidas de tarro: que si me pagan más, que si puede ser interesante, que si puede ser muy estresante, que a ver lo que me voy a encontrar, que si total no estoy tan mal, que si patatín, que si patatán... Una ristra interminable de ideas que uno sopesa y que desembocan... en donde? En una conclusión racional fruto de una fórmula matemática? MENTIRA!!! (como decía el gran Prof. Palomino). Al final la decisión se toma ni más ni menos que por una emoción, un sentimiento. De repente nos damos cuenta de que ese trabajo es lo que has estado esperando toda la vida, o que te hace mucha ilusión ganar tanta pasta, o que no vale la pena arriesgarse... pero eso no es el resultado de ningún balance, puesto que si tuviéramos que hacer balance y concluir una decisión a tomar, no acabaríamos nunca y quedaríamos atrapados en un bucle infinito. Qué peso le damos a cada criterio? Como puntuamos las características de un trabajo que en realidad no sabemos como va a ser, porque aún no lo hemos aceptado? Así que decidimos porque una emoción nos hace decidir.

Cuando leí esto explicado por el Sr Punset me pareció entender muchas cosas de la vida.

Vosotros direis, bueno, pero de ahí a decir que el hombre es irracional... va un trecho. Y además es prostituir la teoría del buen Sr Punset. Bueno sí, claro, pero tenía que captar vuestra atención con un principio impactante, si no, quién se va a leer todo este rollo? Por supuesto que el hombre tiene una mayor capacidad de razonamiento que el resto de seres de este planeta, pero la base de mi mensaje es simplemente eso, que las emociones, instintos y sentimientos pesan muchísimo más de lo que nos pensamos.

Aún diré más, y esto es otra cosa que también provoca aspavientos cuando lo afirmo: las ideas políticas son, en muchas ocasiones, como el fútbol. Uno no es de un equipo porque sea el mejor, ni porque haya hecho un estudio de cual es el equipo que, racionalmente, es más lógico apoyar, sino simple y llanamente porque uno tiene unos colores, los de su equipo, que ha defendido desde el principio de sus días por la razón más antigua del mundo: porque sí.

Pues en la política pasa lo mismo. Uno tiene unos colores porque los siente, no porque un razonamiento lógico y meditado lo haya llevado a esa conclusión.

De hecho, esto me lleva a otra teoría mia, que quizás desarrolle otro día (si da para tanto, que no creo): la Teoría de la Decisión a la Inversa. Básicamente afirma que muchas decisiones las tomamos a la inversa, esto es, no por el proceso lógico:


  1. Razonamientos y valoración
  2. Decisión (en función de la valoración)

; si no completamente al revés:

  1. Decisión (en función de una emoción, los "colores")
  2. Búsqueda de argumentos y razonamientos que puedan defender esa decisión

Pues las ideologías políticas son lo mismo: uno primero decide cual es la que siente, o la que le conviene, y luego busca los argumentos que (teóricamente) le han llevado a decidirse por esa ideología. Y qué pasa? Que como casi todo es defendible en este mundo, la mayoría de las veces cuela.

En fin, que mi querida hermana mayor me va a echar los trastos por la cabeza en cuanto lea esto, y va a decir eso de: "Este tío es un melón", pero para eso está internet, para decir y defender melonadas.

Eso sí, pido disculpas al Sr Punset por utilizar sus respetables teorías para defender mis burdas y rudimentarias elucubraciones. Pero, una vez más, esto no hace más que reafirmar lo que decía antes. :)

Seguiremos en contacto.

Buenas noches.